02 agosto, 2010

Tercer ensayo

Caminaba por el mismo sendero de siempre,
limitada con el pensamiento "Tantas cosas que hacer".

Cerca de mi casa hay dos colinas de viento fucsia,
un árbol de ramas teñidas de calipso,
en una de esas ramas de púrpuras hiedras,
se encontraba él, sentado mirando hacia mi.

Bajose de un salto y corrió hacia mi...
atónita quedé mirandole mientras se acercaba,
ningún músculo se movió,
mi cuerpo simplemente estaba paralizado.

Su abrazo, sentí correr un cálida ola...
Supe que ese era el adiós.

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