16 mayo, 2010

We're Empty

Sí, creí que podía...
Creí que podría superar un rechazo más.
Mas tarde me percaté de que no era así.

Mis piernas me duelen, mi cabeza está vacía,
sólo piensa por inercia... Llenándola de pensamientos como:
"Que triste..."; "Así será por siempre..."; "Debería haberme retirado antes";
"¡¡Que estúpida fui...!!"; "Ya da lo mismo."

Entonces al decir con determinación lo último, sentí como la llave del candado abierto, se retorciera dolorosa y paulatinamente, cerrando aquel candado que había albergado la esperanza de poder quedarse abierto por siempre y no volver a guardar todo lo que debió guardar.

Quizás hace meses vengo pensando que la gente no vale la pena,
que tanto hombres como mujeres son una alimaña, una piedra en el zapato.
Pero secretamente en lo más recóndito de mi mente, esperaba que alguien desconocido me demostrara que no era así, que debía seguir creyendo ciegamente en la gente.

Pues ayer, sin quererlo, me enseñó a no confiar en ellos, a encerrarme en mi mundo ficticio;
ese alguien me enseñó a valorarme más, inclusive a aborrecer a los de su especie.
Claro que esas enseñanzas las saqué a medida de que pasaron las horas, después de todo... "De los errores se aprende"
Lo único malo es que siento que cada vez, las tinieblas del mundo adulto entran a mis pulmones y respiro hipocresía, odio y engaños. Entonces mi metabolismo dispone de una armadura resistente a eso, sin embargo me hace actuar con desconfianza, y con insensibilidad.
Indiferencia. Quizás deba agradecer a quienes me han enseñado a pensar así.
Quizás deba también odiarles, por convertir este mundo peor.

Me quedaré con lo primero. Odiar es una pérdida de tiempo increíble.

En fin..

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